Por César Hurtado
La historia de cada cuatro años
se repitió. El mentado quinto partido sigue siendo un mito para México. Y a
pesar de, como aficionados, no aprender la lección, algo había diferente en
este equipo.
Después de una eliminatoria
desastrosa, donde la deportividad y honestidad del vecino del norte nos dio una
segunda oportunidad, nadie, absolutamente nadie, esperaba el desempeño que
mostraron en sus 4 partidos. Tuvieron una unión de grupo como pocas. Ilusionaron
a un pueblo ávido de un éxito aunque, estrictamente, sea ajeno. El ‘Piojo’ tomó
un equipo resquebrajado, para unirlo con pegamento industrial. Se merecen un
enorme aplauso y nuestro reconocimiento, aunque no haya sido suficiente para
poder alcanzar el dichoso quinto partido.
Más allá de todas las virtudes de
este equipo, México no se atrevió a atentar contra su historia. Pero esos sí,
basta del “jugó como nunca”, México jugó como siempre y perdió como siempre. Se
tuvo a Holanda en la juguera, pero no se tuvo el valor de exprimirla. Después
del gol al 50’, sólo queríamos una cosa: Que se acabara el partido. México no
tuvo la capacidad de manejar el partido, y es que es tan importante saber
reaccionar ante la ventaja como ante la desventaja. México se vio adelante
gracias a una genialidad de Dos Santos, y se pensó que con eso sería suficiente. Con un México tirado atrás ante un equipo que
cuenta con Robben, no se podía esperar otra cosa.
Ahora, su debido mérito tiene
Holanda. Al contrario del equipo azteca, supo actuar al verse abajo en el
marcado. Incluso se habla de que Van Gaal puso en marcha el “Plan B”, liderado
por Huntelaar. Sencillamente, Holanda estaba lista para cualquier escenario. Desde
luego, Holanda adelantó líneas, buscó a Klaas Jan en el juego aéreo y a Robben
para desquiciar a la defensa. Su reacción rindió frutos en el 88’ cuando
Huntelaar ganó por aire y, casi sin querer, le dejó la bola a un Sneijder que
contó con toda una avenida para romper la red. Con el ánimo mexicano por los
suelos, Robben tomó el esférico y volvió locos a los cuatros hombres que lo
marcaban. Es cierto, yo también creo que Robben se tiró un clavado, pero antes
hizo una enorme jugada que lo puso en línea de fondo, en una situación de
extremo peligro, y en la que el juez no tuvo más que un simple error de
apreciación, así como lo tuvo en la faltas de Márquez y Moreno al mismo Arjen
en el primer tiempo. Huntelaar, el plan B de Van Gaal, nos dio la estocada
final por la vía del penal.
Aquí no hay más. En cuanto a las
reacciones de ambos equipos después del gol de Giovani, Holanda fue
inmensamente superior. A Herrera siempre lo he considerado un buen entrenador,
pero también he resaltado su mayor defecto: Ser un pésimo perdedor. Mientras no sepa aprender de la derrota, nunca
dará el salto para ser un extraordinario Director Técnico. Y mientras sigamos buscándole excusas a nuestros fracasos, el quinto partido,
ese “mítico” lugar al que ya han llegado equipos como Turquía, Senegal, Corea
del Sur, E.E.U.U., Ghana, Ucrania, Dinamarca y Paraguay, seguirá siendo una vil
utopía.

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